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Se ha puesto a pensar que un chisme dice más de la persona que lo emite que de la misma de la que se está hablando. Fíjese, cuando elaboramos una historia sobre una persona por lo general estamos haciendo una observación personal, pero a la misma vez, decimos indirectamente que nosotros hablamos de los demás. Realmente no tomamos en cuenta lo que piensa la persona que escucha nuestra historia, si esta persona difiere de nuestro punto de vista el cuento inicial podría pasar a ser secundario y sería usted el blanco de comentario. Aunque suene penoso, muchas veces las cosas se plantean de esa manera porque si haber vamos lo que para usted es importante no siempre lo es para otros. Cuando hablamos de una situación o una persona le imprimimos nuestras emociones y pensamientos dejando al descubierto todo nuestros temores y posibles acciones. Siempre recuerdo la película del Padrino con Al Pacino conversando en la cocina con su hermano quien se quejaba por la traición de otros miembros de la mafia, este le decía a Tony que le reclamaría sus acciones y Tony le respondió, “nunca le digas a tu enemigo lo que estás pensando”, refiriéndose a que ese anuncio delataría la posible venganza por parte de este bando. El ejercicio del habla va mucho más allá del simple contenido semántico. El lenguaje en todo momento es una acción que dice sobre todo lo que somos, hacemos y pensamos. Por eso, lo que expresamos de otros lo decimos de nosotros mismos ya que reconocer y adjetivar otras acciones hace referencia al conocimiento de esa acción en particular. Por ejemplo, si yo digo que otro es envidioso, traidor y/o codicioso, como puedo en esencia saber lo que eso es si desconozco lo que en si es el verbo. Como persona puedo haber aprendido el significado de estas palabras en el diccionario, pero cuando las aplico a una situación tengo conocimiento emocional de esos contenidos, de otra manera no podría aplicarlas. El chisme es una suerte de cuento con un fondo destructivo que coloca a dos partes en conflicto y busca un ganador. Por supuesto el ganador siempre es quien lo cuenta. Pero el escucha no siempre está de acuerdo con lo que usted dice aunque frente a su cara demuestre lo contrario. Una persona que se retira de un trabajo cuando le preguntan qué pasó y la persona responde que “todo estaba bien solo que decidí buscar otro rumbo”, puede ser calificada como prudente y reservada. Si entonces a la misma pregunta se responde que los jefes eran unos extorsionadores, maltratadores, abusadores y no hay pruebas físicas que demuestren el testimonio, la persona puede ser percibida como habladora de tonterías o que levanta falsos testimonios. De manera que, el receptor del mensaje pudiera concluir que quien le cuenta no es de fiar. Un viejo dicho clama “Dime que ostentas y te diré que careces”. En realidad lo importante es estar atento a lo que decimos porque muchas veces no medimos las consecuencias de nuestras palabras. El lenguaje es un instrumento poderoso que constantemente expresa información más allá de lo evidente. Cuando hablamos de alguien, nuestro tono de voz, la forma en que gesticulamos y la forma en que decimos esta emitiendo un mensaje. Detrás de las palabras se esconde nuestra personalidad y las intenciones que tenemos en la vida. Aunque tratemos de parecer alguien distinto los detalles de nuestra conversación cotidiana dice quienes somos, es una suerte de huella digital que no se puede reemplazar. Los actores aprenden el arte de personificación y por eso un buen artista es aquel que con técnicas puede lograr que su personalidad no sea la que se transmita en un film sino la del personaje que interpreta, es por eso que un buen artista aprende lingüística, psicología del lenguaje, manejo del discurso, y muchas otras materias referente a la comunicación que les permite estar atentos al fondo y la forma de la lengua. Cuando las personas aprenden a manejar el doble discurso con elegancia, por lo general nos referimos a ellas como artistas porque tienen mil caras y es imposible descifrar que es lo que realmente están pensando. Pero el común denominador, que somos la mayoría, manejamos muy poco el arte histriónico así que las frases gritan otras cosas cuando hablamos. El chisme sigue siendo por excelencia uno de los oficios más practicado en nuestra sociedad, es una acción que a algunos le divierte, que en momentos es el único vehículo que le da valor a una persona y hasta se utiliza como proceso para insertarse en grupos específicos. Entre periodistas muchas veces a broma decimos que somos chismosos licenciados, lo que en oportunidades es cierto. De cualquier forma, cuando hablamos estamos exponiendo nuestra forma de pensar y lo importante es estar seguro y claro quienes somos y que queremos que se conozca de nosotros. Cada una de nuestras expresiones es un ejemplo fiel de la madera con la cual fuimos hechos.
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