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María Elena Useche
Pasaporte al éxito

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Muchas veces cuando estoy frente al cursor, una página en blanco y numerosas ideas se me hace difícil escribir, pensar y concentrarme. Cuando esto sucede particularmente siento que la cabeza está en desorden y que debo darle espacio a las ideas para fluir y construirse. Mientras pienso me pregunto, quién realmente habla dentro de mi, quién es la que siente y quién decide cuando hablo y cuando actúo.

Esa voz que constantemente se enciende en oportunidades es clara y firme, pero otras veces es confusa y hasta fastidiosa. Este personaje que vive en las cuevas de mi pensamiento lo he decido nombrar el Gremlim. Les pregunto, cuántas veces han sentido que esa voz los paraliza, que les regaña y hasta critica sus acciones. Creo que son muy pocos los seres humanos que están libres de su acecho, pero estoy convencida que es posible apaciguarla y conectarse con un mensaje más positivo y productivo para cada uno de nosotros.

Muchos autores de la nueva era han determinado que esa vocecita inquieta se llama ego y definitivamente puede ser así. Sin embargo, si estamos en una posición pragmática podemos denominarla la voz del conciente, el pensamiento activo negativo (algunas, muchas veces).

Ahora bien, de qué manera podemos ponerle un freno a esos mensajes que en oportunidades parecen gritarnos improperios, minimizarnos y hasta pisotearnos cuando nos equivocamos. Por qué en momentos podemos ser tan severos con nosotros mismos. Quizás esa voz la tenemos marcada desde nuestra infancia o posiblemente nació en un momento de dolor profundo y se quedo pegada como un disco de pasta viejo que se repite una y otra vez tras haber recibido un rayón.

Ese monstruo que nos persigue es un mal hábito y como tal tiene la característica de aparecer cuando no lo necesitamos. Las costumbres suelen formarse tras las repeticiones constantes hasta que pasan a ser parte de nuestro comportamiento, sin embargo estas puede ser sustituidas por otras en la medida que nos hagamos concientes de ellas.

Un hábito muy común en las personas es el sentirse que tienen poca suerte. Por lo general, la persona que padece de este mal se enfoca en los aspectos negativos de su vida, están a la espera de cualquier acontecimiento que les indique su fracaso y responsabiliza al mundo de su desgracia. Las personas con mala suerte le otorgan su poder a los extraños y permiten que otros decidan
por él o ella. Usted dirá, yo no hago eso y sin embargo he tenido mala suerte, pero si se convierte en un buen observador de su dialogo interno verá como la mayoría de las veces este le dice que es otro y no usted el que ocasionó el evento desafortunado en su vida.

Lo importante es que frente a cualquier situación difícil seamos críticos en nuestra forma de análisis y proactivos en nuestras acciones. El Gremlim que llevamos por dentro busca derrotarnos y hacernos sentir mal con nuestras virtudes. Al Gremlim le parece divertido burlarse de los triunfos que obtenemos y tiene la tendencia de compararle con otras personas para probar que son mejores que usted.

El monstruo interno puede ser tan fuerte que hasta en momentos nos quite las energías y las ganas de triunfar ya que su conversación puede incorporar las frases más nocivas y despectivas que se puedan elaborar.

Aun y cuando parezca difícil acabar con este tormento, la charla instigadora tiene solución, porque como todo hábito puede ser sustituido y olvidado. Las malas costumbres y la conversación negativa solo se erradican en el instante en que ponemos un pensamiento nuevo en nuestra cabeza y le damos práctica. Al principio pareceremos locos repitiendo las cosas pero eventualmente todo nuestro cuerpo y consecuentemente nuestras acciones seguirán lo que repetimos.

El ego quiere ser siempre el protagonista y pretende sonar como su verdadero yo, pero con disciplina y persistencia usted puede recuperar al ser prospero y feliz que siempre ha sido. Una manera muy efectiva para derrotarlo es cambiando su postura corporal, cuando su Gremlim despierta vea atentamente como esta su cuerpo, de que manera están sus hombros y su estomago, casi siempre cuando el protagonista es el ego sus hombros están caídos o tensos y su estomago duro o demasiado suave, energice su pose, respire hondo, suba sus hombros y repita una afirmación contraria a la charla negativa que tiene. Una vez que logra enfocarse en una idea nueva, repítala en su cabeza y reenfoque sus ideas en algo diferente. Practique por 90 segundos el nuevo hábito y repítalo hasta 4 veces por día.

Después de un tiempo su óptica del problema habrá cambiado y su actitud hacia la vida será otra. El verdadero cambio ocurre de adentro hacia afuera. No espere que su suerte cambie tome el controle de su vida a través de
la perseverancia, hábitos positivos y charlas constructivas que enriquezcan su vida.

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