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María Elena Useche
Pasaporte al éxito

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Después de tanta emoción y adrenalina, los juegos olímpicos cerraron sus actividades dejando en el corazón del mundo las gratas imágenes de nuevas marcas atléticas, inimaginables hasta el momento.

Cuando uno piensa en determinación, enfoque y perseverancia muchas veces le cuesta visualizar de qué manera estas cualidades se pueden practicar; en definitiva las disciplinas deportivas dejan ver claramente de que manera las podemos poner en práctica, de la misma forma en que ponen en evidencia la capacidad de reinvención que tiene el ser humano cuando se propone alcanzar un nuevo objetivo.

Para muchos era casi imposible pensar que se lograría superar el record de Mark Spitz, campeón olímpico de natación en 1972 con siete medallas de oro, sin embargo, Michael Phelps le probó al mundo que con una meta clara, una total convicción de éxito y confianza en sí mismo se podía romper con todas las expectativas que se fijaron en torno a su desempeño.

Definitivamente este chico se gano el corazón del mundo, una vez que se conoció su pasado y sus triunfos. Como contara su madre, en entrevista realizada por televisión, Michael, desde niño, presentó problemas de hiperactividad y debido a su apariencia física fue un chico que recibió muchas bromas y burla por parte de sus compañeros. Hoy en día, convertido en todo un campeón, Michael relata que cada vez que uno de sus compañeros se burlaba de él, esto era suficiente para motivarlo a ser mejor. Su deseo era indetenible y su pasión por este deporte le impulsaba a trabajar con mayor fuerza.

En oportunidades, cuando las cosas no se ven tan fáciles solemos debilitarnos y perder nuestro entusiasmo. Es allí cuando precisamente tenemos que sobreponernos y apretar nuestro paso con cualquier meta que deseemos alcanzar.

Un destacado maestro de Ikido, en California, George Leonard explica que una de las fases más importante del éxito radica en la etapa de “Plateau” o “Meseta”. Para este autor, las personas debemos aprender a apreciar y querer este período ya que garantiza la excelencia de la tarea que se realiza. Y de qué se trata esta etapa, en pocas palabras de la repetición de la misma acción una y otra vez del asunto que se desea obtener.

Muchas veces queremos superar el miedo al hablar en público, pero no damos el primer paso para lograrlo, y si lo hacemos una vez, pretendemos que formará parte de nuestras destrezas para siempre. Un buen
orador se mira frente al espejo, vera cómo mueve sus manos, verá de que manera sonríe mejor, también se percatará de su pose y buscará su mejor postura, revisará sus ángulos favorable, controlará su vos y repetirá una y otra ves los discursos que desea transmitir.

De eso se trata el Plateau de nuestras vidas, en la repetición encontraremos la madre de las destrezas, solo seremos buenos cuando practiquemos una y otra ves lo que queremos ser. Esto no solo tiene que ver con ciertas actividades, es con todo lo que deseamos alcanzar. Practicar una y otra vez las cosas hasta el cansancio y volver a empezar hasta que creamos que no hay más nada que aprender y volverlo a hacer porque justo allí encontraremos la revelación y el aprendizaje de la experiencia. Es tan sencillo como cuando aprendimos a caminar. Cuántas veces nuestros padres nos apoyaron para lograrlo, nunca nos dijeron que teníamos ciertas oportunidades y ya. Por el contrario, nos caímos y nos paramos hasta convertirnos masters del caminar.

Cuando tengamos una meta, debemos visualizarla, practicarla como si ya estuviera acá, repasarla en nuestras mentes, caminarla, tocarla con el pensamiento y si se trata de una actividad en específico debemos hacerla una y otra vez frente al espejo, en la piscina, en el campo, en el negocio.

No podemos ser hombres y mujeres de negocio importantes si no practicamos ser importante, conocer personas importantes, hacer las llamadas una y otra ves hasta que nos reciban, estar en los lugares donde se conocen las personas de la industria en la que queremos estar. El éxito es una disciplina de práctica continua.

A la hora de plantearse un sueño, póngale fecha, genere un plan, tome las acciones necesarias, practique día y noche cómo se quiere ver, de que manera quiere sonar, como es su vestuario, su vocabulario, sus expresiones. Viva cada una de las apariencias que desee proyectar y cuando menos piense se convertirá en la personas que siempre ha soñado ser.

Tenemos la creencia que sólo el resultado tiene valor en las metas, sin embargo, la sustancia de la vida esta en el proceso y cuando aprendemos a darle el valor que este se merece, nuestra vida adquiere un aspecto lleno de color. La vida es un constante devenir, es un cambio prolongado el cual, si miramos con flexibilidad, siempre nos conducirá al éxito.

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