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Franklin Virgüez
El Bohío de Franklin

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Ser padre no es nada fácil en estos tiempos. En mi época de adolescente allá en Barquisimeto mi abuela “Mamola” quien fue nuestro padre y madre a la vez, arreglaba el asunto de la malacrianza con cuatro nalgadas y par de cachetadas. Cuando en la escuela las cosas no iban bien y las calificaciones eran menos de diez, el rejo de cuero de vaca nos ponía lúcidos y mejoraba las notas escolares como por arte de magia, o mejor dicho, como por arte de cuero.


Un amigo le dio una cueriza a su hija porque a la muchacha de apenas 14 años se le ocurrió aceptar un aventón a un desconocido hasta su casa. Cuando el padre de la joven se entera le dio una paliza que mas nunca lo volvió a desobedecer. El peligro que su hija corrió en esa aventura de aceptar montarse en el vehículo de un hombre desconocido, no lo acepta un padre que ame a sus hijos. Y en esa época las indisciplinas, las desobediencias, se resolvían de esa manera, también con la palabra, pero las correas hablaban luego por aquello de que más vale un correazo a tiempo que una tragedia después.


Resulta que Manolo Montalbán, un cuate de mi época de chamo, sorprendió a uno de sus hijos fumando en una esquina del barrio donde habitaba junto a otros jóvenes, los saludó con respeto a todos, y cuando su hijo Julián llegó a la casa lo obligó a comerse una cajetilla de cigarrillos que el muchacho vomitó toda la noche. Nunca más fumó y el respeto y admiración por su padre se mantuvo hasta el final. Manolo murió en los brazos de sus hijos que lo recuerdan como un ser humano maravilloso y un padre ejemplar.


La hija de Argenis Torres a los 17 años se enredó en los brazos del José María Oropeza en el sector La Palomera en Humucaro Alto, un pueblo muy hermoso en el Estado Lara en Venezuela. La muchacha tuvo vómitos y malestares como a los tres meses, el viejo Argenis consideró que el honor de la familia se había mancillado, y cuando la niña entre lágrimas y perdones le confesó quien era el padre de la criatura, lo fue a buscar a el Tocuyo y a punta de carajazos se lo trajo hasta la Palomera obligándolo a casarse con su hija. Tanto
José María como su mujer han sido muy felices con sus cinco tripones. El viejo Argenis es un abuelo muy mingón y consentidor.


En estos tiempos es más difícil la conexión con los hijos y estamos obligados a tener una buena relación con ellos a como de lugar o perdemos. En los tiempos actuales la modernidad nos obliga a sustituir las pelas por psicólogos, ya que la ley impide someter a nuestros con los métodos antiguos. Los adolescentes tienen información de todo, la computadora baja lo que le pidan, no hay nada oculto entre el sol y la tierra. Ahora cuesta hasta para que te pidan la bendición. Pero los hijos son parte de los sueños y adaptarse a los nuevos tiempos es la alternativa o perdemos. Sustituimos la correa o el rejo de cuero por el psicólogo, la ciencia nos ayuda a criar a nuestros muchachos, ellos van al psicólogo infantil, y nosotros al de adultos, luego, al final, todos vamos al psicólogo familiar. Mi recomendación es… casarse con el psicólogo.

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