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Tal vez porque de niñas solíamos escuchar los fascinantes cuentos de hadas: “Érase una vez”, crecemos con la idea que vamos a encontrar a ese maravilloso príncipe azul, en caballo blanco que llegará a nuestras vidas para rescatarnos. O sino solemos creernos la princesa encantada, que con sus mágicos poderes podemos trasformar a ese terrible y feo sapo, en un apuesto príncipe que viviera feliz para siempre con nosotras. Cuando crecemos nos damos cuenta de la cruda realidad, ni somos princesas, ni ellos se acercan a ser príncipes perfectos. Digo esto porque, generalmente cuando empezamos una relación sentimental o ni siquiera eso, cuando conocemos a un galán, muchas veces comenzamos a justificar los defectos de ese ser que mueve nuestro sentidos. He tenido la oportunidad de escuchar a muchas amigas decir, “Si toma mucho licor, pero va cambiar cuando nos casemos”, o peor aun “es mujeriego, pero eso es porque no se ha enamorado”. Entonces aquí comenzamos a soñar que somos ese ser especial capaz de trasformarlo y entonces aunque no lo reconozcamos muy dentro de nosotras guardamos la esperanza del tan ansiado CAMBIO. Por supuesto que el cambio generalmente nunca llega, lo que al final del camino termina frustrándonos, porque entonces creemos que la culpa es nuestra, mas no nos damos cuenta que al ser seres completamente distintos las cosas en nuestro cuerpo y cerebro no funcionan para nada igual. Primero que todo, no podemos pensar que alguien cambiará por nosotras, las personas se trasforman cuando la vida misma las obliga ha hacerlo, o cuando tienen la profunda necesidad que viene de su interior, así que, regla numero uno: no existen poderes mágicos, resignémonos y no queramos cambiar a nadie, mas bien démonos la oportunidad de conocer sinceramente a las personas tal y como son, con sus defectos y cualidades. Tenemos que recordar que el mundo es muy variado y las personas también, hay blancos, morenos, mestizos, ojos de colores, flacos, gordos, filósofos, bailarines, chistosos, en fin una enorme gama, por lo tanto lo que hay que encontrar es ese balance, a esa persona que sus defectos no nos incomoden tanto. Porque lo que en la vida se necesita es esa pieza que termine de armar el rompecabezas, es chistoso, pero en la actualidad las relaciones amorosas duran, lo que dura un estornudo, haciendo varias preguntas a conocidas, la mayoría coincidían en que el fracaso se daba luego que se mudaban a vivir juntos. ¿Por qué será? Me parece que cuando solo salimos con una persona y no se convive la mayor parte del tiempo, no queda espacio para dar a conocer nuestros defectos, ya que tratamos de portarnos lo mas correcto posible con ese ser especial. Muchas amigas que se han casado ilusionadas, con bodas de princesas, bombas y platillos, me comentan que el príncipe soñado se convierte en un terrible sapo odiado, ya que en el seno de la confianza sacan un arsenal de defectos sin tratar de esconderlo, ¿por qué no evitamos tantos procesos y tratamos de ser nosotros mismos siempre? Así se evitarían tantos malos ratos y malos entendidos, pero ¿ que pasa cuando buscamos al famoso príncipe y comenzamos a besar a tantos sapos, que al final nunca se convierten? ¿será que ese hombre que idealizamos y construimos en nuestras mentes, no existe? Aunque no todas las historias de amor terminan felices, como en las películas de Hollywood, la clásica de Julia Roberts y Richard Gere, “Pretty Woman”, la famosa prostituta que conoce al galán empresario que la rescata de ese mundo oscuro o que decir de esos amores eternos, que nos hacen suspirar, como la historia que nos cuentan en “The Notebook”, fantasías, más fantasías. Aunque muchos hombres dirán que soy cursi, la verdad que todo ser humano, lo acepte o no, anhela un buen amor, alguien con quien se pueda disfrutar desde lo más erótico, hasta los más sagrado, ese ser especial que sea nuestro intimo diario, que sea nuestro cómplice, nuestro aliado, alguien con quien podamos, ¿por qué no? hasta pelear. De nuevo estoy segura que las dificultades se dan siempre, por lo diferentes que somos, hombres y mujeres, cada uno vivimos en un mundo y actuamos así, por ejemplo: Si ellos están viendo un partido de fútbol, no les gusta que los interrumpamos, para nosotros es ridículo que presten tanta atención a los partidos, cuando tal vez en ese momento surgió alguna emergencia, pero no hay nada que hacer, para que nos enojamos si no resolvemos nada. Por otro lado los hombres no pueden estar en muchas cosas a la vez, en cambio nosotros, manejamos y nos vamos pintando, hablando por teléfono, escribiendo y más, es por eso que esperamos que nuestro compañero haga lo mismo y demandamos lo que para ellos puede ser imposible. La moraleja al final es que, si no estamos conscientes que afuera no hay príncipes que se conviertan en sapos, ni viceversa, seguiremos buscando y al final nos daremos cuenta que estamos solas, porque el ser perfecto no existe, es una utopía, creada por nuestra ilusión. Por lo tanto hay que encontrar esa persona que tenga los defectos que no nos molesten tanto o que no signifiquen mucho peso para nuestra personalidad, con la que podamos reír, llorar y formar un camino. Así que no olvidemos que el que vive de ilusión, al final también muere de desilusión, pero tampoco nos vayamos al extremo, porque en la vida también hay que alucinar de vez en cuando. Como siempre les saluda, Leana Astorga www.leanaastorga.com
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