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Manolo Blanco
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en los coffeehouses de San Francisco, la filosofía de peace and love en las comunidades hippies, el Verano de Amor en 1967, la consagración del rock como arte mayor con el álbum “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de Los Beatles y como epílogo de una incontenible revolución sociocultural, el festival de Woodstock del 15 al 18 de agosto de 1969.
Un simple escenario en medio de una granja en las praderas del estado de New York. Cuatro días de presentaciones que incluyeron a The Who, The Grateful Dead, Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Janis Joplin, Canned Heat, Creedence Clearwater Revival, Crosby, Stills and Nash, Santana, The Band, Sly and The Family Stone, Blood, Sweat and Tears, Quill, Ten Years After, Joan Baez y Richie Havens entre otros. Medio millón de asistentes, miles desnudos y la mayoría bajo el efecto de la marihuana y el LSD, pero sin que un solo hombre fuera asesinado ni una sola mujer violada, en un elevado espíritu de congregación por la celebración del rock, la paz y el amor.
El crepúsculo de una década desgarradora y luminosa, en la que Estados Unidos perdió cincuenta mil vidas en la Guerra de Viet Nam y la humanidad estuvo a minutos de que se desencadenara una guerra nuclear por la Crisis de los Cohetes con cargas atómicas en Cuba, pero que también engendró los más trascendentales eventos culturales de la segunda mitad del siglo XX, ofreció sus mejores colores en Woodstock, donde medio millón de jóvenes sintieron el pensamiento y pensaron el sentimiento, quizás inspirados en que un mes antes el hombre había logrado caminar por la superficie de la Luna o acaso porque ese fin de semana Dios bajó de incógnito con cabello largo y jeans desteñidos a presenciar la primera vez que
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